Otra final más… y otra vez lo mismo. El Atlético de Madrid volvió a quedarse a las
puertas de un título, esta vez en la Copa del Rey frente a la Real Sociedad. Un
partido importante, una oportunidad clara y un final que ya parece conocido para
todos.
El Atlético compitió, como siempre. El Atleti es un equipo intenso, que lucha cada
balón y que nunca se rinde fácilmente. Pero cuando llega el momento decisivo,
cuando todo se juega en un partido, algo falla. No es cuestión de suerte, porque
esto ya ha pasado muchas veces, es algo más que todavía no ha podido
solucionarse.
Desde fuera, y especialmente para los que somos del Real Madrid, cuesta no ver
el problema que tiene el Atleti cuando se enfrenta a una final. El Atlético llega a las
finales, ilusiona a su gente… pero el desenlace casi siempre es el mismo. Y eso,
con el paso del tiempo, acaba convirtiéndose en una especie de tradición no
deseada.
Aun así, no se puede decir que sea un equipo pequeño ni mucho menos. Llegar a
tantas finales tiene mérito. El problema es dar ese último paso. Ese que separa a
los buenos equipos de los campeones.
La derrota contra la Real Sociedad deja otra herida más en una temporada que
pudo ser diferente. Para sus aficionados, toca otra vez levantarse y mirar hacia
adelante. La Champions está cerca y tienen que concentrarse para poder llegar a
la final para intentar ganar por primera vez en su historia una copa de Europa.
Porque en el fútbol, como en la vida, no basta con estar cerca. Hay que saber
ganar. Y ahí es donde, una vez más, el Atlético se quedó corto.

